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[Artículo U+D] 11_09_2012
Una reflexión sobre la Diada
Alfred Subirana

El 11 de setiembre es una fiesta paralela al 12 de octubre. En 1492 los Reyes Católicos, al unificar España, supieron elegir lo mejor de los dos reinos para gobernar ese nuevo imperio que estaba surgiendo en Europa. Todos hemos caído en la trampa del nacionalismo, el de identificar nacionalismo con catalanismo y realmente son la antitesis, Josep Pla era catalanista, y por este motivo amaba a España y no entendía Cataluña sin España; Rovira i Virgili era nacionalista y no entendía Cataluña, o quizás sí y por eso intentaba cambiarla.


Un año más los catalanes hemos celebrado nuestra diada y un año más hemos demostrado que seguimos sin entenderla. Este año hemos vivido además un nuevo intento nacionalista de sustituir uno de los símbolos de identidad de los catalanes, nuestra señera, por algo tan lejano al espíritu catalán como es la estelada.


 


Este hecho, refleja que el nacionalismo quiere crear su propia Cataluña. Empezaron a finales del siglo XIX cuando eligieron como himno "Els Segadors", pero no el canto tradicional, sino una nueva versión que vaciaba de sentido el canto de guerra de aquellos catalanes que se habían rebelado en 1640 contra el mal gobierno del Conde-duque de Olivares, no contra el rey de España.


 


El gran historiador nacionalista Rovira i Virgili, tenía muy claro lo que era el nacionalismo cuando afirmaba que "los auténticos catalanes son los carlistas de la montaña", es decir, aquellos que, durante el siglo XIX defendieron el sentido más tradicional de la unidad de España.


 


Todos hemos caído en la trampa del nacionalismo, el de identificar nacionalismo con catalanismo y realmente son la antitesis, Josep Pla era catalanista, y por este motivo amaba a España y no entendía Cataluña sin España, Rovira i Virgili era nacionalista y no entendía Cataluña, o quizás sí y por eso intentaba cambiarla.


 


El nacionalismo es hijo de la revolución francesa y de todos sus excesos. Cuando Napoleón entró en España e intentó atraerse a los catalanes mediante la promesa de ofrecer una presunta independencia del resto de España sólo consiguió que los catalanes se echaran a la montaña. Por eso es paradójico que los sucesores de esos afrancesados, los nacionalistas de hoy en día, llamen "botiflers" a los defensores de la unidad de España.


 


Los que afirman que el gran enemigo del nacionalismo es España se equivocan profundamente, el gran enemigo del nacionalismo es Cataluña, pero no esa Cataluña inventada por los nacionalistas sino la Cataluña  por la que murieron tantos catalanes antes y después de la aparición del nacionalismo.


 


El 11 de setiembre es una fiesta paralela al 12 de octubre. En 1492 los Reyes Católicos, al unificar España, supieron elegir lo mejor de los dos reinos para gobernar ese nuevo imperio que estaba surgiendo en Europa y eso lo transmitieron a Sudamérica, dando una estabilidad al continente que no volvieron a lograr después de la independencia.


 


En 1714, los catalanes tomaron las armas para defender esos mismos valores que los españoles habían transmitido al nuevo continente. La guerra contra los Borbones no fue una guerra por la independencia, sino una guerra para defender la monarquía que mejor había representado los intereses de los dos reinos.


 


Creo que es muy significativo el último bando de la diputación del general (Antigua Generalitat) y por eso la reproducimos a continuación, es curioso que aún no lo he encontrado en ningún libro en catalán:


 


Haciendo el último esfuerzo, y dando testimonio a los que habrán de venir, de que se han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos, protestando de los males, ruinas y desolaciones que sobrevengan a nuestra común y afligida patria, y del exterminio de todos los honores y privilegios, quedando esclavos con todos los demás españoles engañados, y todos en esclavitud del dominio francés; pero se confía, con todo, que como verdaderos hijos de la patria y amantes de la libertad acudirán todos a los lugares señalados, a fin de derramar gloriosamente su sangre y vida por su Rey, por su honor, por la patria y por la libertad de toda España.


 


Un día después, 4.000 de los 5.000 defensores que había tenido Barcelona yacían muertos en esos lugares señalados, nosotros, sus herederos, no podemos olvidar su sacrificio y debemos honrar su memoria, no cambiando su historia, sino recordándolos tal como eran.



 
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