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[Artículo U+D] 04_06_2009
La trampa de la estadística
Alfred Subirana

Prácticamente el 60% de los catalanes no tienen ninguna esperanza en que sus líderes den respuesta a sus problemas. El 53% de los votantes del PSC, vota a su partido sin esperar nada de sus líderes. En CiU esto mismo equivale a 1/3 de su electorado. La sociedad catalana no es capaz de plantear una alternativa a esta crisis de su clase política. Estas cifras, que deberían hundir al departamento de marketing de cualquier empresa privada, parece ser que no significan nada cuando hablamos del interés común de todos los catalanes.

El "Centre d’estudis d’opinió", institución dependiente del "Departament d’Economía de la Generalitat de Catalunya", publica de forma trimestral unos barómetros que permiten conocer el estado de la opinión tanto en lo social como en lo político, de la sociedad catalana.

Dichos estudios son los que utilizan los políticos para conocer cual es la intención de voto de los catalanes, pero aquí nuestros políticos pueden elegir, a la hora de valorar su actuación dos posibles preguntas:

1)¿Qué partido da respuesta a los principales problemas de la sociedad catalana?

2)¿Por qué partido siente más simpatía?

Como pueden imaginar los políticos se inclinan por la segunda pregunta, que da más margen a la ambigüedad, en cambio la primera incide directamente sobre la realidad social de los catalanes y la respuesta que plantean estos partidos. La diferencia entre una estadística y la otra es abismal y sólo hay que leer los datos para darse cuenta. Analizados los datos podemos extraer las siguientes consecuencias:


1)Existe una gran desconfianza de la sociedad catalana hacia sus gobernantes. Prácticamente el 60% de los catalanes no tienen ninguna esperanza en que sus líderes den respuesta a sus problemas.

2)El anquilosamiento de los grandes partidos: el 53% de los votantes del PSC, vota a su partido sin esperar nada de ellos. En CiU equivale a una tercera parte de su electorado.

3)La sociedad catalana no es capaz de plantear una alternativa a esta crisis de su clase política. Los catalanes nos hemos acomodado en una situación de sumisión ante unos líderes políticos demasiado acostumbrados al "todo vale".


Estas cifras, que deberían hundir al departamento de marketing de cualquier empresa privada, parece que ser que no significan nada cuando hablamos del interés común de todos los catalanes.

La solución sólo se encuentra en una regeneración de la sociedad catalana, pero no está del todo claro que esto se pueda lograr cuando la única respuesta política que es capaz de dar es la abstención.

Este cambio debe venir desde la raíz, empezando por revitalizar la familia y la educación. No podemos olvidar que Cataluña, siguiendo los resultados del informe PISA está en los últimos puestos del país que está en el penúltimo puesto de dicho informe, algo que invita a la reflexión.

En cuanto a la familia hay que potenciar todo aquello que permita volver a darle el vigor que permitió convertir a Cataluña en uno de los motores económicos, políticos, sociales y culturales de España.



 
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