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[Artículo Opinión] 12_10_2010
España en la encrucijada
Juan de Dios Dávila

Hay momentos históricos en los que dependiendo de cómo actúe la sociedad así se define la orientación del futuro de las naciones. Creo que hoy estamos en una de esas encrucijadas, y no solamente por la actual y dramática crisis económica que estamos padeciendo, sino porque estamos, fundamentalmente, en una profunda crisis de identidad.


Hay momentos históricos en los que dependiendo de cómo actúe la sociedad así se define la orientación del futuro de las naciones. Creo que hoy estamos en una de esas encrucijadas, y no solamente por la actual y dramática crisis económica que estamos padeciendo, sino porque estamos, fundamentalmente, en una profunda crisis de identidad.


Mientras fuerzas poderosas presionan para que vivamos en función de valores que nunca formaron parte esencial de nuestro pueblo, de nuestro criterio de decisión, las élites económicas, políticas, culturales y sociales de la sociedad renuncian a su misión de apoyar lo mejor para la sociedad temerosas de perder su posición.


Si España ha destacado ha sido por el concepto de persona. En nuestra tierra siempre se ha entendido que el hombre era libre para escoger el bien o el mal, y que era responsable de las consecuencias de su decisión.
Esto supone que se ha entendido que hay verdades fundamentales capaces de orientar nuestro comportamiento, es decir, principios, que son los que diferencian la civilización de la barbarie.


Actualmente vivimos tiempos confusos en el que la afirmación "todo es relativo" se quiere imponer como una verdad absoluta, no importa que dicha afirmación en sí misma suponga una contradicción, es un dogma de fe emanado del laicismo hoy de moda. En el fondo se pretende emplear el relativismo para imponer un férreo control del Estado que anule la individualidad, que anule toda resistencia del hombre que considera que puede alcanzar lo mejor, porque es capaz de descubrir que es lo bueno, lo justo, y no guiarse por el mero y cambiante interés personal sometido al imperio caprichoso de los sentidos.
Tristemente, con profundo dolor vemos como se ha aprobado una nueva ley del Aborto que cada año condenará al exterminio a miles de niños cuyo delito es no haber sido deseados, o el desarrollar alguna malformación, como el tener seis dedos en una mano, que lleva a la triste e injusta sentencia "vida equivocada" justificando de este modo su muerte.


La familia en otros momentos valorada no sólo por una dimensión religiosa sino por el bien social, de estabilidad, de formación que suponía para la sociedad es atacada, denigrada, negando la evidencia de que en el seno familiar estable es donde la persona adquiere confianza en sí mismo, aprende a querer, a compartir, a entender que el bien particular está supeditado al bien común, que la diversidad no está reñida con la unidad, a entender que las personas pueden ser queridas tal cual son sin necesidad de aparentar.


El español se ha caracterizado por entender la vida como una aventura, en la que ansiar lo mejor suponía lanzarse a conseguirlo y quizás perder la vida en el intento, pero que nunca se dijese que no se había intentado.


Estamos ante una profunda crisis de identidad por que entre otras cosas estamos siendo impelidos a entregar nuestra libertad al Estado a cambio de una aparente vida segura. De este modo entregamos nuestra libertad, buscando no hacernos responsables de nuestros actos.


Estamos en una profunda crisis de identidad cuando somos capaces de negar la vida a un ser humano aprobando la Ley del Aborto. La delgada línea entre la Humanidad y la Barbarie la acabamos de traspasar a favor de una barbarie disfraza de falsos derechos que oculta una profunda crisis moral en el que el interés particular se impone incluso sobre la vida de los más indefensos.


Estamos en una profunda crisis de identidad cuando no somos capaces de entender España como un "proyecto sugestivo de vida en común" que históricamente ha llevado la civilización a lo largo y ancho del mundo, estableciendo el derecho internacional nacido en la Universidad de Salamanca.


Estamos en una profunda crisis de identidad cuando las élites de la sociedad viendo como se despedaza España, como se condena al analfabetismo funcional a miles de españoles, como se intenta eliminar la libertad individual bajo una falsa promesa de una vida segura, como se habla de reformas laborales para acabar con la crisis económica pero no se habla del despilfarro de nuestra organización territorial o del coste energético, sin embargo no quieren liderar un cambio hacia la identidad española que lleve a la cultura del esfuerzo y de la justicia social porque pueden perder mucho por el camino.


Estamos en una profunda crisis de identidad cuando asumimos, sin un mínimo rigor intelectual, que España ha sido lo peor que ha podido pasar en la historia del mundo, renunciando a nuestra historia y tradiciones.


Ahora, cuando las élites políticas, económicas, culturales, sociales reniegan de su ser, de valores como la libertad, el respeto absoluto a la vida humana, cuando en definitiva no son capaces de hacer futuro esos valores que recibió de sus mayores, cuando fuerzas potentes creen haber llegado el momento de imponer unos nuevos valores nacidos de su propia voluntad, de su voluntad de "nuevos dioses" investidos de una transcendencia en la que ellos no creen, ahora es el momento de la sociedad, del pueblo español que en momentos críticos ha sabido unirse para conquistar lo mejor, para no sólo mantener sino engrandecer la humanidad.


Pero no todo es caos y desconcierto, entre este tumulto maloliente en el que se está moviendo España, hay españoles que con mirada limpia están proponiendo recuperar España, recuperar los valores que hicieron de ella una adalid del humanismo.


Españoles de mirada limpia, de corazón grande y valiente que nos convocan a defender a los más débiles, a defender la humanidad frente al avance de la barbarie, a defender la verdad científica frente al relativismo, a defender la Vida frente a quienes quieren imponer el Aborto.


Españoles que cercados por el nacionalismo siguen en pie viviendo sus raíces, viviendo la dignidad, proclamando que sin verdad no hay libertad, y que la vida no merece ser vivida de rodillas.
A estos españoles darles las gracias por su empuje, su compromiso y su esperanza activa.


A nosotros nos toca ahora responder, al reto de construir una España en la que la verdad del hombre sea la que impregne las leyes, en la que la diversidad sea vivida como un tesoro y no como una amenaza, en la que la búsqueda de lo mejor permita un dialogo sincero y no se convierta en un duelo de voluntades que quieren imponerse.


España está en la encrucijada, o escoge volver a la profundidad de la persona impregnando la cultura y las leyes, o si se desliza perezosamente por el relativismo desaparecerá, porque España sólo tiene sentido desde la persona, desde la búsqueda de la verdad que sólo pueden hacer los hombres verdaderamente libres.


 



 
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