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[Artículo U+D] 14_09_2012
"La unidad de España es un bien moral"
Santiago Ardura

"Es preciso superar decididamente las tendencias corporativas y los peligros de separatismo con una actitud honrada de amor al bien de la propia nación y con comportamientos de solidaridad renovada por parte de todos" SS.El Papa Juan Pablo II


Ante las palabras de Monseñor Xavier Novell durante su homilía del pasado domingo en las que textualmente afirmó que "estar a favor de la independencia de Cataluña es moralmente legítimo y por lo tanto, si lo desean, los católicos pueden ser independentistas", la Fundación Unidad+Diversidad quiere hacer referencia a la Instrucción Pastoral "Orientaciones morales sobre la situación actual de España" de 23 de noviembre de 2006.


Dicha instrucción pastoral, nos habla de la "Identidad católica" y de "cómo vivir la caridad social para el fortalecimiento moral de la vida pública". En el apartado de "La Iglesia y la sociedad civil", en el punto 50, afirma lo siguiente:


"...Si es verdad que los católicos pueden apoyar partidos diferentes y militar en ellos, también es cierto que no todos los programas son igualmente compatibles con la fe y las exigencias de la vida cristiana, ni son tampoco igualmente cercanos y proporcionados a los objetivos y valores que los cristianos deben promover en la vida pública."


Sobre la cuestión de los "nacionalismos y sus exigencias morales" la Conferencia Episcopal Española trató de orientar a los católicos en la valoración moral de los nacionalismos en la situación concreta de España, ya que es una cuestión que "afecta profundamente a la organización de la sociedad y a la convivencia entre españoles"


La Conferencia Episcopal Española continúa dicho documento poniendo luz sobre el tema y sostiene que para poder hacer un juicio moral justo sobre el nacionalismo, es necesario recurrir a la realidad histórica de la nación de España en su conjunto. De esta manera afirma lo siguiente en el punto 71:


"Los diversos pueblos que hoy constituyen el Estado español iniciaron ya un proceso cultural común, y comenzaron a encontrarse en una cierta comunidad de intereses e incluso de administración como consecuencia de la romanización de nuestro territorio. Favorecido por aquella situación, el anuncio de la fe cristiana alcanzó muy pronto a toda la Península, llegando a constituirse, sin demasiada dilación, en otro elemento fundamental de acercamiento y cohesión. Esta unidad cultural básica de los pueblos de España, a pesar de las vicisitudes sufridas a lo largo de la historia, ha buscado también, de distintas maneras, su configuración política. Ninguna de las regiones actualmente existentes, más o menos diferentes, hubiera sido posible tal como es ahora, sin esta antigua unidad espiritual y cultural de todos los pueblos de España"


En el punto 72 se nos habla de que "la unidad histórica y cultural de España puede ser administrada de diferentes maneras y para lo cual hay múltiples maneras y diversas fórmulas posibles, las cuales deberán ser elegidas por los ciudadanos". Para ello la Iglesia nos pide a todos la "máxima responsabilidad y rectitud", apelando a principios y valores de unidad, convivencia y solidaridad. Para ello afirma lo siguiente:


"...Ninguna fórmula política tiene carácter absoluto; ningún cambio podrá tampoco resolver automáticamente los problemas que puedan existir. En esta cuestión, la voz de la Iglesia se limita a recomendar a todos que piensen y actúen con la máxima responsabilidad y rectitud, respetando la verdad de los hechos y de la historia, considerando los bienes de la unidad y de la convivencia de siglos y guiándose por criterios de solidaridad y de respeto hacia el bien de los demás. En todo caso, habrá de ser respetada siempre la voluntad de todos los ciudadanos afectados, de manera que las minorías no tengan que sufrir imposiciones o recortes de sus derechos, ni las diferencias puedan degenerar nunca en el desconocimiento de los derechos de nadie ni en el menosprecio de los muchos bienes comunes que a todos nos enriquecen"


La Iglesia también reconoce "cierta legitimidad de las posiciones nacionalistas, que por métodos democráticos pretendan modificar la unidad política de España". Al mismo tiempo hace hincapié en que "las propuestas nacionalistas deben ser justificadas con referencia al bien común de toda la población directa o indirectamente afectada".Sobre esto dice así en el punto 73:


"...Todos tenemos que hacernos las siguientes preguntas. Si la coexistencia cultural y política, largamente prolongada, ha producido un entramado de múltiples relaciones familiares, profesionales, intelectuales, económicas, religiosas y políticas de todo género, ¿qué razones actuales hay que justifiquen la ruptura de estos vínculos? Es un bien importante poder ser simultáneamente ciudadano, en igualdad de derechos, en cualquier territorio o en cualquier ciudad del actual Estado español. ¿Sería justo reducir o suprimir estos bienes y derechos sin que pudiéramos opinar y expresarnos todos los afectados?"


En el punto 74 la Iglesia nos pide a todos que "no nos dejemos llevar por impulsos egoístas ni por reivindicaciones ideológicas". También nos pide, que "tengamos en cuenta todos los aspectos de la cuestión, reforzando las motivaciones éticas, inspirada en la solidaridad más que en los propios intereses" En este sentido se nos recuerda las palabras del Papa Juan Pablo II a los Obispos italianos:


"Es preciso superar decididamente las tendencias corporativas y los peligros de separatismo con una actitud honrada de amor al bien de la propia nación y con comportamientos de solidaridad renovada por parte de todos"


La Iglesia nos recuerda que su misión en estas cuestiones consiste en "exhortar a la renovación moral y a una profunda solidaridad de todos los ciudadanos, de manera que se aseguren las condiciones para la reconciliación y la superación de las injusticias, las divisiones y los enfrentamientos"
Este documento finaliza las orientaciones sobre el nacionalismo dirigiéndose a todos los miembros de la Iglesia en el punto 76:


"Con verdadero encarecimiento nos dirigimos a todos los miembros de la Iglesia, invitándoles a elevar oraciones a Dios en favor de la convivencia pacífica y la mayor solidaridad entre los pueblos de España, por caminos de un diálogo honesto y generoso, salvaguardando los bienes comunes y reconociendo los derechos propios de los diferentes pueblos integrados en la unidad histórica y cultural que llamamos España. Animamos a los católicos españoles a ejercer sus derechos políticos participando activamente en estas cuestiones, teniendo en cuenta los criterios y sugerencias de la moral social católica, garantía de libertad, justicia y solidaridad para todos"



 
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